Encontré a una chica muy parecida a ti. La misma forma de tu rostro, el mismo cabello, tus mismos labios, ese cuerpecito que tanto me encanta y sobre todo, esos ojos que no necesitan un color especial para hipnotizarme. Al verme de frente le sonreí, y ella se sonrojó. Debo decir que me sorprendió mucho. Nunca antes me había sucedido y ni siquiera había llegado a esperarlo. Pero, ¿sabes qué fue lo mejor de mi encuentro con ella? Sí, eso. Que no eras tú.

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