Tantas cosas por decirle, y tan pocas que me salen.
Me gustaría relatarle cómo se forja mi día después de un amanecer junto a ella,
me gustaría poder encontrarle palabras, o inventar nuevas para ella.
A mí nunca se me dio por escribir sobre lo bello,
quizás por eso no sé muy bien qué escribirle a ella; y eso me hace estar aquí sentado,
pensando solamente en ella; es inentendible, se siente, pero no se explica.
Ya lo único que deseo ahora es volcarme en el claro de sus ojos.