Yo soy un escritor triste, de caparazón uso mi nostalgia, yo no poseo versos lindos,
yo no sé escribir sobre la belleza de un atardecer, ni relatar el sonido de la lluvia cuando cae.
Yo relato vidas tristes, momentos tristes; a mí no me despabila un día cálido, ni cantos de avecillas al amanecer; yo despierto con el masoquismo, con la agonía de sólo estar vivo por alguien, vivo de acuerdo a alguien, vivo del qué dirán los demás, y me alimento de incertidumbres y días tristes, como esta noche, a estas horas, mientras llueve y sollozo un nombre… como todos los días.

Sinceramente, no sé qué hacer con mi vida, y eso es terrible, anhelo y deseo el amor de una mujer, una mujer quizás IMPOSIBLE para mí, pero vale, dicen que seguirá siendo imposible si no lo intento.
 
Y si me dejo caer en el abismo del riesgo ¿Qué sucederá?,
¿caeré de nuevo a mi mísera soledad?,
¿o ese amor que anhelo sepultará todas mis melancolías?,
¿acaso volveré a encontrarle un sentido a mi vida?,
¿o la nostalgia de no saberme suyo me matará?
¿Qué se hace?
Sinceramente, no sé qué hacer con mi vida, y así,
poco a poco, moriré.

Encontré a una chica muy parecida a ti. La misma forma de tu rostro, el mismo cabello, tus mismos labios, ese cuerpecito que tanto me encanta y sobre todo, esos ojos que no necesitan un color especial para hipnotizarme. Al verme de frente le sonreí, y ella se sonrojó. Debo decir que me sorprendió mucho. Nunca antes me había sucedido y ni siquiera había llegado a esperarlo. Pero, ¿sabes qué fue lo mejor de mi encuentro con ella? Sí, eso. Que no eras tú.